la dicha de mayores gozos
que ahora encuentro,
jóvenes turgentes, bellos a los ojos
mostraron sus encantos mozos
y albergaron desde dentro
nuestro primer intento
de caricia y de sollozo...
La piel de la espalda hecha para la mano,
se dejó palpar sentido gusto
y así, porque era justo
quiso hendir del placer cercano
de bajar entre las piernas
hasta el ano.





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