











¡Cómo cambia la vida! Parece que fue ayer cuando abandoné mi etapa de dominador sexual, le drogaba con mis zapatillas de deporte recien sudadas, entraban en un profundo éxtasis y perdian la conciencia, era entonces cuando me hacian sus más intimas confidencias mientras se desabrochaban la bragueta y los maquillaba morosamente en la cama jugando a las muñecas: lo más dificil era trazar la raya negra del ojo, los parpados hinchados por la resaca son harto complicado de domeñar, bien saben esas líneas el arte del pentagrama, una raya detras de otra, hasta envolverle en la media, y con los morritos apretados, un beso profiláptico, uno, y otro, y lenguas con condon perpetrando en el domicilio de sueños húmedos. Dormía suavemente cuando entré con mis sueños obscenos con muchisimo sigilo, eran de color verde para poder irlos madurando poco a poco mientras entraban con un poco de mantequilla. Le gustaba hacerse 'un tango en París', cómo le gustaba la mantequilla...Era una nalga hambrienta, sedienta de hambre...Tenía cuarenta años y me esperaba desnudo completamente en su balcón, mientras la gente pasaba con indiferencia, y su sobrino deshacia la ropa del pequeño tendedero del balcón...¡Qué grandes recuerdos!¡Cuánta emoción de esa gran etapa de dominador!...He ido perdiendo mi fuelle, primero eran cinco, luego doce, luego era una gigantesca secta, luego jugamos a Simón dice, una quedada... en fin...
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